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El poder del litio: así impacta positivamente en la América Latina

Para 2040, la explotación del mineral en la región podría generar ingresos por 530 millones de dólares al año. Conocé las oportunidades.

Durante los últimos años, el litio empezó a tomar fuerza en todo el mundo. Muchos países se comprometieron con la neutralidad de carbono, en la que el litio cumple un papel fundamental por ser un mineral clave en los sistemas de almacenamiento de energía más eficientes. 

Si bien se trata de un recurso natural que se usa desde hace varias décadas, el boom del litio surge tras convertirse en un insumo insustituible para la fabricación de las baterías de ion-litio.

Estas baterías, junto con las que utilizan otros minerales, permiten desarrollar lo que se conoce como “baterías de alta densidad”. ¿Qué significa esto? Menos tiempo de recarga y más duración de la batería. Una ecuación perfecta para impulsar la electromovilidad. Con las tecnologías actuales, el litio es un bien difícil de reemplazar para la producción de baterías que permitan escalar en el sendero de la movilidad limpia. 

El potencial del litio para América Latina

Por su geografía y sus recursos, América Latina puede ser una región clave en la transición energética global. La capacidad de energía renovable en la región superó los 290 gigavatios en 2021, un valor que supone un crecimiento de más del 67% respecto a diez años atrás. Y, ahora, el auge del litio abre un sinfín de oportunidades.

Latinoamérica cuenta con lo que se conoce como el “triángulo del litio”, conformado por Argentina, Bolivia y Chile, donde abundan salares con niveles de concentración que hacen que la producción de litio sea posible, a diferencia de lo que sucede en otras geografías. El Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) sostiene que el 67% de las reservas probadas de litio -y cerca de la mitad de la oferta global- se concentran en esa región.

Desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), una institución dedicada a la investigación, estudio y análisis de los fenómenos políticos, económicos y sociales de América Latina, precisan que la región tiene «la llave de un nuevo escenario geoeconómico en materia de transición energética y una fuente segura de divisas para el funcionamiento de sus economías”. 

A la Argentina, Bolivia y Chile se le suman países también como Perú, Brasil y México, aunque en menor escala. Si bien los países tienen un interés común en la explotación del litio, existen diferencias en torno al modelo de extracción. 

Por ejemplo, en Bolivia y México entienden que se trata de un recurso de utilidad pública que debe ser explotado por el Estado. Distinto a lo que sucede en Chile y Argentina, donde, aunque con muchas diferencias, sí permiten la participación del sector privado.

La Cámara Latinoamericana del Litio busca ser un paraguas para lograr transparencia y lineamientos comunes entre los diferentes países.  Para el Celag, “América Latina tiene mucho que ganar si se integra, y mucho que perder si avanza en un proceso de balcanización del litio en el que cada país actúa por su cuenta”.

Un imán de divisas

De la mano de una inflación global, impulsada por la guerra en Ucrania y la pospandemia, el litio podría convertirse en un pilar para atraer divisas a la región. Según el índice LACI (Latam Currency Index), que mide el comportamiento de las monedas de LatAm frente al dólar, la moneda argentina cedió un 41,14% frente al dólar. La tercera moneda más devaluada fue el peso chileno, que perdió 2,46%.

En Celag creen que la exportación de litio puede convertirse en una fuente segura de divisas para seis países de América Latina: Bolivia, Argentina, Chile, México, Perú y Brasil. Según la entidad, para 2040, podrían ingresar 530 millones de dólares al año, distribuyéndose de la siguiente manera:

  • Bolivia. 210.719 millones
  • Argentina. 193.477 millones 
  • Chile. 96.723 millones
  • México. 17.071 millones
  • Perú. 8.837 millones
  • Brasil. 4.464 millones

Radiografía actual de la región

Actualmente, Argentina es el cuarto productor mundial de litio -ubicándose por detrás de Australia, Chile y China– y el tercero en reservas (detrás de Chile y Australia). En total, cuenta con 38 proyectos en marcha: tres en etapa de producción, seis en construcción, dos en etapa de factibilidad, tres en prefactibilidad, cinco en evaluación económica preliminar y alrededor de veinte en etapa de exploración avanzada.

En Argentina, las empresas que invierten en la producción litio son de capital norteamericano, australiano, canadiense, chino, surcoreano, japonés y también argentino. Desde la Cámara Argentina de Empresarios Mineros precisan que las inversiones en torno al sector oscilan entre 4.500 a 5.000 millones de dólares. Según un informe de la Secretaría de Minería Argentina, actualmente el país produce cerca de 37.000 toneladas anuales de litio desde los dos únicos proyectos que están en fase productiva.

En el caso de Chile, el negocio es explotado también por inversiones privadas, de la mano de SQM (compañía de origen local) y la norteamericana Albemarle. El país ostenta el 30% de la producción mundial de litio. De acuerdo a los datos provistos por el Servicio Geológico de Estados Unidos, Chile fue responsable de la producción de 207.000 mil kilotoneladas durante el último ejercicio.

Por su parte, Bolivia tiene más de 21 millones de toneladas del mineral y actualmente el Estado busca incentivar la penetración de tecnologías que ayuden a agilizar el proceso de extracción.

Brasil concentra la explotación en el estado de Minas Gerais. Detrás del proceso se encuentran compañías pequeñas y medianas. Sin embargo, el caso de la Compañía Brasileña de Litio es la más rimbombante, con una  producción de 30.000 toneladas anuales. 

En una escala menor, en Perú, Macusani Yellowcake, de raíces canadienses, prepara la explotación de litio en un yacimiento de la región de Puno. La compañía estima una producción de hasta 60.000 toneladas para los primeros tres años.

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Escrito por Redacción LitioArgentina