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La exploración minera en Salta y Jujuy ya genera empleo, demanda servicios especializados e incorpora tecnología, incluso antes de que un proyecto avance hacia la construcción de una mina. Carolina Sánchez, directora del Instituto para el Desarrollo de la Minería Responsable de la UCASAL, destacó que esta etapa también produce conocimiento clave sobre los recursos disponibles y sobre el territorio.
Durante Argentina Mining 2026, Sánchez presentó una investigación enfocada en la información disponible sobre los procesos exploratorios en ambas provincias. El estudio detectó dificultades para conocer con precisión cuánto se explora, cuánto se invierte efectivamente y cómo evoluciona cada concesión, debido, entre otros factores, a la falta de interoperabilidad entre las bases de datos provinciales y nacionales.
Para la especialista, mejorar la calidad, trazabilidad y articulación de la información pública permitiría fortalecer la gobernanza minera, facilitar el seguimiento de los proyectos y ofrecer mejores herramientas tanto al Estado como a proveedores y a la sociedad civil. El objetivo final es avanzar hacia una planificación territorial más confiable, basada en datos integrados y transparentes.
“La exploración genera empleo aun sin existir una mina”. Con esa definición, Carolina Sánchez, directora del Instituto para el Desarrollo de la Minería Responsable de la Universidad Católica de Salta (UCASAL), resumió uno de los aspectos centrales de su exposición durante la tercera y última jornada de Argentina Mining 2026, que se desarrolla en el Centro de Convenciones de Salta.
Sánchez participó del bloque “Exploración minera en Salta y Jujuy”, donde presentó los avances de una investigación desarrollada por el instituto para analizar la información disponible sobre los procesos exploratorios en ambas provincias y determinar qué datos son necesarios para mejorar la gobernanza de esta etapa de la actividad minera.
La especialista explicó que la exploración debe ser entendida como el punto de partida de los proyectos que eventualmente podrán transformarse en minas. “Cuando hablamos de exploración hablamos de minas del futuro, no del presente”, señaló, al remarcar que se trata de una etapa que puede extenderse durante años y en la que una gran cantidad de proyectos quedan en el camino antes de alcanzar la producción.
En ese proceso, explicó, las empresas parten de un objetivo o target de exploración y utilizan información geológica, imágenes satelitales, sensores remotos y estudios del subsuelo para identificar zonas de interés. Luego comienza una intensificación de los trabajos y las perforaciones allí donde aparecen anomalías o concentraciones del mineral buscado.
Sánchez describió este proceso como el “embudo de la exploración”, debido a que muchos de los proyectos que comienzan siendo investigados finalmente no llegan a convertirse en una mina. Las razones pueden ser geológicas, económicas o estar vinculadas con los resultados obtenidos durante los estudios. Incluso puede ocurrir que aparezca un mineral diferente al que inicialmente se buscaba y que ese descubrimiento abra una nueva posibilidad de desarrollo.
Por eso, la exploración implica un período extenso entre el inicio de la búsqueda y la eventual construcción de una mina, además de una importante reducción en la cantidad de proyectos a medida que aumenta el nivel de conocimiento sobre cada yacimiento.
Una actividad que moviliza empleo y tecnología
Uno de los puntos destacados por Sánchez fue que la exploración genera actividad económica mucho antes de que exista una mina en producción. Requiere estudios especializados del subsuelo, perforaciones, tecnología y una amplia variedad de servicios.
“La exploración requiere mucho estudio de subsuelo, mucha asistencia de nuevas tecnologías y todo es generación de empleo aún sin existir una mina”, sostuvo. En este sentido, la actividad exploratoria también representa una oportunidad para el desarrollo de proveedores especializados y para la incorporación de nuevas tecnologías y conocimientos.

Durante los seminarios participativos realizados para la investigación, el instituto detectó precisamente una elevada expectativa entre los proveedores de servicios vinculados con esta etapa de la minería.
La importancia de la exploración, además, se incrementa frente a las necesidades que plantea la transición energética. Sánchez explicó que las políticas de descarbonización y el desarrollo de nuevas tecnologías demandarán una mayor cantidad de minerales críticos y, por lo tanto, será necesario contar con nuevas minas y plantas de producción.
Salta y Jujuy, con una agenda exploratoria diversa
La investigación se concentró particularmente en Salta y Jujuy, dos provincias que tienen una creciente actividad exploratoria. Según explicó Sánchez, la agenda de ambas jurisdicciones combina proyectos de litio con otros minerales industriales, minerales metalíferos, tierras raras y otros recursos considerados críticos.
Para la especialista, esa exploración constituye mucho más que una búsqueda orientada a determinar si un proyecto puede ser rentable para un inversor. También permite aumentar el conocimiento sobre los recursos disponibles y mejorar la capacidad del Estado para administrar el territorio. “La agenda de exploración minera es la base material, pero también de conocimiento”, afirmó.
Ese conocimiento, agregó, puede ser utilizado por el Estado para realizar un seguimiento de los avances de los proyectos y mejorar la gobernanza de los recursos, pero también por la sociedad civil, que puede acceder a información que le permita participar de manera más informada en los procesos de consulta y participación pública.
El desafío de conocer cuánto se explora
Otro de los ejes de la exposición estuvo relacionado con la dificultad para medir de manera precisa el nivel de exploración que se realiza. Sánchez explicó que uno de los indicadores más utilizados son los presupuestos exploratorios, que reúnen los montos de dinero que las empresas declaran que destinarán a esta actividad. Sin embargo, advirtió que esos presupuestos no necesariamente reflejan la inversión efectivamente ejecutada.
“Presupuesto exploratorio no es exploración ejecutada; no es equivalente”, aclaró, al explicar que se trata de una intención de inversión declarada por las compañías y no necesariamente del monto que finalmente se destina a perforaciones, estudios del subsuelo y trabajos para avanzar en el conocimiento de un yacimiento.
La distinción resulta relevante para analizar la evolución de la minería argentina. Sánchez señaló que, de acuerdo con información de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros, los presupuestos exploratorios en el país se triplicaron durante los últimos diez años hasta 2025.
Sin embargo, sostuvo que ese dato consolidado no permite conocer qué ocurre específicamente con cada yacimiento ni determinar con precisión cuánto avanzó la exploración en cada proyecto.
La necesidad de integrar la información
A partir del relevamiento realizado en Salta y Jujuy, el instituto identificó información disponible tanto a nivel provincial como nacional, aunque también detectó importantes dificultades para integrarla.
Uno de los principales problemas está relacionado con la falta de interoperabilidad entre las diferentes bases de datos. La información sobre concesiones, inversiones y avances exploratorios no siempre se encuentra en formatos compatibles ni está articulada entre los distintos organismos.

Sánchez señaló que esto dificulta reconstruir el progreso de cada concesión y conocer con precisión las inversiones realizadas durante el proceso exploratorio. En ese sentido, planteó la necesidad de avanzar en una arquitectura de datos que permita vincular la información existente y generar registros más completos y trazables. “Nos falta interoperabilidad de datos”, resumió durante la presentación.
La investigadora también destacó la importancia de fortalecer la coordinación entre Nación y provincias, debido a que existen diferentes niveles de jurisdicción y competencias en la administración de los recursos naturales y mineros.
Información para mejorar la gobernanza de recursos
Para Sánchez, mejorar la información pública no es solamente una cuestión técnica. También constituye una herramienta para fortalecer la gobernanza de los recursos, administrar las expectativas de la sociedad y mejorar la calidad de la participación ciudadana.
El estudio detectó puntos en común entre Salta y Jujuy en cuanto a la sensibilidad que existe alrededor de la información pública vinculada con la actividad exploratoria.
Una mayor disponibilidad de datos permitiría, según explicó, mejorar la gestión de los permisos y concesiones, realizar un seguimiento más efectivo de las inversiones y, al mismo tiempo, brindar mejores herramientas a la sociedad civil. También representa una oportunidad para los proveedores, debido a la diversidad de servicios especializados que demanda la exploración.
En este esquema, Sánchez destacó además el papel de las empresas provinciales como articuladoras entre la inversión privada y pública, especialmente en aquellos casos en los que determinadas áreas vuelven a quedar disponibles por incumplimientos de los planes de inversión.
Hacia una planificación territorial confiable
El planteo final de la exposición estuvo centrado en la necesidad de que la información sobre minería sea parte de una planificación territorial más amplia. Sánchez consideró que las provincias y la Nación deberían avanzar hacia bases de datos interoperables y trazables, tomando como referencia buenas prácticas internacionales relacionadas con la transparencia y calidad de la información.
El objetivo, explicó, no debería ser solamente contar con mejores datos para la actividad minera, sino utilizarlos para comprender integralmente el territorio y las diferentes actividades que conviven en él. “Finalmente, con información transparente vamos a poder hacer una planificación territorial confiable”, sostuvo.
En esa mirada, la exploración aparece como una etapa estratégica para definir la minería que podría desarrollarse en los próximos años, pero también como una actividad que ya genera empleo, demanda servicios, incorpora tecnología y produce conocimiento.
Para Sánchez, fortalecer esa etapa requiere no solo más inversión, sino también mejores herramientas para conocer qué se está explorando, cuánto se invierte, cómo avanzan los proyectos y qué impacto tienen sobre el territorio. Todo ello, con el objetivo de construir una minería con mayor información, participación y capacidad de planificación.
