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Los beneficios ambientales son claros: el uso de minerales reciclados genera hasta un 80% menos de emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con los extraídos de la naturaleza, además de reducir drásticamente el consumo de agua.
Los beneficios ambientales son claros: el uso de minerales reciclados genera hasta un 80% menos de emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con los extraídos de la naturaleza, además de reducir drásticamente el consumo de agua.

Minería urbana: el desafío de las baterías de litio al final de su vida útil

La demanda global de litio podría multiplicarse por 40 para el año 2040. Ante este escenario, la minería urbana surge como una alternativa para mitigar el impacto ambiental de la extracción primaria, aunque la región debate si la prioridad debe ser el reciclaje o la optimización de los métodos en los salares.

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El avance de la movilidad eléctrica plantea un interrogante central para el desarrollo productivo: qué destino tendrán las baterías de ion-litio cuando termine su ciclo de vida útil. 

La minería urbana surge como la respuesta estratégica para recuperar metales críticos (como el litio, el cobalto y el níquel) de las celdas usadas, reduciendo la presión sobre los recursos vírgenes. 

En América Latina, que concentra más del 60% de las reservas mundiales del mineral, el panorama es incipiente: actualmente la tasa de reciclaje de estos componentes es prácticamente nula. Si bien existen proyectos piloto de articulación científica y territorial en Argentina, y empresas emergentes en Colombia, Chile y Costa Rica, la región enfrenta encrucijadas logísticas, falta de inversión y un debate de fondo entre los expertos sobre la eficiencia económica de procesar residuos versus mejorar las prácticas de la minería extractiva tradicional.

Cuando la batería de un vehículo eléctrico o de un dispositivo tecnológico reduce su capacidad de almacenamiento por debajo del 70% u 80%, ya no cuenta con la potencia necesaria para su función original. En ese momento se abren dos alternativas dentro de la economía circular: la segunda vida (su reutilización para almacenar energía estacionaria, como la solar o eólica) o el reciclaje definitivo.

Descartar estas celdas en basurales comunes representa un pasivo socioambiental crítico, ya que un manejo incorrecto puede provocar la contaminación de aguas y suelos. 

En contraste, su procesamiento industrial permite abastecer una cadena de suministro secundaria de alto valor. 

Según proyecciones del sector, el mercado global de reciclaje de baterías de ion-litio alcanzará un valor de USD 37.500 millones para el año 2035, traccionado por el recambio del parque automotor mundial. 

Los beneficios ambientales son claros: el uso de minerales reciclados reduce en hasta un 80% las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con los extraídos de la naturaleza, además de reducir drásticamente el consumo de agua.

La anatomía del reciclaje: el valor de la masa negra

El corazón económico de la minería urbana se encuentra en un componente intermedio del proceso conocido como masa negra (black mass). Este polvo oscuro se obtiene tras desmantelar y triturar mecánicamente las baterías, separando los plásticos y las láminas de cobre y aluminio. 

Dentro de esta masa se concentran los compuestos de mayor valor comercial que integran el cátodo de la batería:

  • Cobalto y níquel: presentes en mezclas como el litio-níquel-manganeso-cobalto (NMC). Son los metales que registran las cotizaciones más altas en los mercados internacionales y sustentan económicamente el negocio del reciclaje.
  • Litio: utilizado también en química de litio-hierro-fosfato (LFP), se recupera generalmente en forma de carbonato de litio de grado de batería para reingresar a las fábricas de celdas nuevas.

A nivel global, menos del 5% de las baterías de litio entran hoy en circuitos de reciclaje. La industria debate sobre qué método es el más eficiente para procesar la masa negra. 

Mientras los sistemas térmicos (pirometalurgia) son costosos y pierden el litio en las escorias, los métodos químicos (hidrometalurgia) permiten recuperar entre el 92% y el 95% de los metales. 

Sin embargo, implican procesos complejos y costosos, lo que empuja a firmas globales y regionales a investigar técnicas innovadoras que no utilicen agua ni químicos adicionales.

El mapa regional: iniciativas en el territorio

Aunque el grueso de la capacidad industrial está en el Norte Global, el ecosistema latinoamericano comenzó a registrar movimientos tanto en el sector privado como en el científico:

  • Costa Rica: la firma Fortech lidera la región en volumen, habiendo procesado unas 200 toneladas de baterías agotadas para exportar la masa negra obtenida.
  • Colombia: la empresa Altero avanza en el desarrollo de tecnologías de reciclaje en seco (sin agua ni químicos), acumulando más de 250 toneladas procesadas desde 2018.
  • Chile: empresas como Relitia y centros académicos como Lithium I+D+i exploran vías sustentables de recuperación, aunque bajo condicionantes por la falta de inversión a gran escala.
  • Argentina: el impulso combina la ciencia y el trabajo territorial. Investigadores del CONICET en el CINDECA (La Plata) desarrollaron un protocolo pionero de recolección y acopio seguro junto a la Cooperativa “Reciclando Trabajo y Dignidad”. En paralelo, laboratorios como el INTEQUI (San Luis) ensayan vías hidrometalúrgicas, mientras que proyectos industriales como UniLib aspiran a consolidar la fabricación y el posterior tratamiento de celdas locales.

El debate de fondo: ¿reciclar o mejorar la extracción?

A pesar de los avances, la minería urbana en América Latina enfrenta un desafío tanto conceptual como económico. Expertos del sector local, como Félix Requejo (director del INIFTA en Argentina), plantean que ante la abundancia y disponibilidad del litio natural en los salares de la región, en el corto plazo podría resultar financieramente más eficiente concentrar los esfuerzos públicos y privados en mejorar la sustentabilidad de las tecnologías de extracción primaria antes que destinar grandes inversiones a infraestructuras complejas de reciclaje.

En la vereda opuesta, tecnólogos regionales y organismos internacionales como la AIE y la ONU advierten que retrasar el desarrollo de la economía circular puede condenar a América Latina a ocupar, una vez más, el rol exclusivo de proveedor de materias primas crudas, reproduciendo asimetrías históricas de la cadena de valor.

La minería urbana no reemplazará a los proyectos mineros tradicionales en los salares a corto plazo, pero se perfila como un estabilizador clave para el futuro. 

Los centros de investigación internacionales, como el instituto SINTEF de Noruega, insisten en que el cambio debe empezar desde el diseño (ecodiseño), fabricando baterías desmontables y de alta pureza.

El desafío de la región es coordinar políticas públicas, incentivar la inversión y estructurar cadenas de acopio seguras que permitan recibir estos desechos y transformarlos en una oportunidad de desarrollo soberano.

 

Escrito por Redacción Litio Argentina