El estudio elaborado por Fundar estima que el potencial conjunto de Vaca Muerta, el litio y el cobre permitiría pasar de US$ 13.000 millones a US$ 75.000 millones netos anuales. El análisis destaca la necesidad de fortalecer la cadena de proveedores locales.
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Un informe presentado por la organización Fundar proyecta un cambio estructural para la matriz exportadora argentina durante la próxima década.
Según el documento técnico expuesto en el Congreso Productivo para el Desarrollo, las exportaciones netas combinadas de los sectores energético y minero podrían escalar desde los actuales US$ 13.000 millones anuales hasta alcanzar un piso cercano a los US$ 75.000 millones hacia el año 2035.
El motor de este crecimiento proyectado se fundamenta en la consolidación operativa de la cuenca de Vaca Muerta, la puesta en marcha de los nuevos proyectos de producción de litio en las provincias del norte del país y el avance de los grandes desarrollos de cobre ubicados sobre la región cordillerana.
De concretarse este escenario, estas actividades se consolidarían como las principales plataformas generadoras de divisas para la economía nacional.
Sin embargo, el análisis advierte que la mera disponibilidad geológica no se traduce de forma automática en un proceso de desarrollo económico sostenible.
El estudio subraya que el principal desafío para la política pública y corporativa radica en integrar estas industrias con el tejido productivo local, promoviendo la creación de empleo calificado y consolidando una red densa de empresas proveedoras de tecnología, ingeniería y servicios industriales en el territorio.
La discusión sobre el perfil exportador de Argentina y la capacidad de sus recursos del subsuelo para traccionar la economía nacional ingresó en una fase de proyecciones cuantitativas concretas.
Un estudio elaborado por Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo de la organización Fundar, plantea que el país se encuentra ante una ventana de oportunidad clave impulsada por la maduración de proyectos en tres segmentos específicos:
- Los hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta
- Las operaciones de producción de litio en el Noroeste Argentino (NOA)
- Los yacimientos de cobre en la región andina
De acuerdo con los datos presentados en el informe titulado “La Argentina extractiva versus la Argentina productiva”, el valor de los despachos netos al exterior de los sectores energético y minero podría multiplicarse casi por seis en los próximos diez años.
Ello significaría una evolución desde el piso actual de US$ 13.000 millones anuales hasta un volumen estimado de US$ 75.000 millones para mediados de la próxima década, alterando de manera sustancial la composición de la balanza comercial y la disponibilidad de divisas del país.
Del recurso geológico al desarrollo industrial
El documento enfatiza que contar con abundantes reservas en los salares o en las formaciones geológicas es una condición necesaria pero no suficiente para garantizar el desarrollo económico a largo plazo.
En términos comparativos, Argentina registra actualmente exportaciones de recursos naturales cercanas a los US$ 1.000 per cápita, un indicador sensiblemente menor al de economías consolidadas como Australia, Canadá o Noruega.
Incluso alcanzando las metas proyectadas para 2035, el indicador nacional se ubicaría en torno a los US$ 3.000 por habitante, lo que demuestra la necesidad de complementar la producción primaria con políticas de valor agregado.
La diferencia estructural entre las naciones desarrolladas y los países netamente exportadores radica en la densidad de sus cadenas de valor locales. El informe señala que el crecimiento de la actividad en los salares norteños y en las áreas petroleras debe funcionar como un dinamizador para miles de pequeñas y medianas empresas nacionales.
En el sector de gas y petróleo se contabilizan actualmente unas 10.000 firmas proveedoras de bienes y servicios especializados; el objetivo estratégico para los segmentos del litio y el cobre es replicar y expandir este entramado logístico e industrial hacia las provincias productoras.
El fortalecimiento de esta red de proveedores abarca desde talleres metalmecánicos regionales hasta firmas especializadas en software, ingeniería química aplicada, monitoreo ambiental y servicios de geofísica avanzada.
De esta manera, el flujo de inversión minera no se limita a la fase de obtención del recurso, sino que derrama hacia la economía real mediante contratos locales y la formación de recursos humanos técnicos altamente calificados.
El marco normativo y las capacidades locales
El análisis sectorial también aborda el impacto de los nuevos marcos regulatorios vigentes en el país, como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
El informe técnico reconoce que este tipo de herramientas normativas resulta indispensable para viabilizar y acelerar la llegada de capitales transnacionales de gran escala, requeridos para proyectos que exigen infraestructuras complejas y extensos períodos de construcción antes de entrar en fase operativa.
No obstante, los analistas de Fundar sugieren que la aplicación de estos regímenes de incentivo debería complementarse con instrumentos sectoriales que estimulen de forma decidida la incorporación de contenido nacional.
Esto incluye promover metas paulatinas de contratación de proveedores locales, fomentar alianzas con centros de investigación y desarrollo del país e incentivar la adopción de tecnologías diseñadas por la industria metalmecánica y de servicios local.
La macroeconomía como base
Hacia el cierre, el documento concluye que la estabilidad macroeconómica constituye un requisito básico de previsibilidad para que los proyectos mineros e industriales puedan planificar sus inversiones a largo plazo. Sin embargo, se advierte que el ordenamiento de las variables financieras constituye un punto de partida y no un proyecto de desarrollo en sí mismo.
Para consolidar el potencial que ofrecen los salares del NOA y las cuencas energéticas, Fundar propone coordinar políticas públicas orientadas a resolver las brechas de infraestructura (vías de transporte, conectividad eléctrica y pasos fronterizos), optimizar los programas de formación técnica profesional y mejorar los canales de articulación entre los gobiernos provinciales, las operadoras privadas y los centros científicos.
La capacidad del subsuelo abre una oportunidad histórica para la próxima década, pero la consolidación de una economía industrial sustentable dependerá de las capacidades que se logren construir en la superficie.
