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La 15ª edición de Litio en Sudamérica, organizada por Panorama Minero, se realizará el 7 y 8 de octubre en Jujuy. El encuentro pondrá en discusión qué necesita Argentina para aumentar su producción y concretar las inversiones previstas para la próxima década.
Según la Secretaría de Minería de la Nación, el país produjo unas 120.000 toneladas de carbonato de litio equivalente en 2025 y podría alcanzar unas 573.000 toneladas en 2035. Para avanzar hacia esa escala, las necesidades de inversión entre 2026 y 2030 se estiman en US$12.700 millones, junto con obras de infraestructura, proveedores y personal capacitado.
El crecimiento también dependerá de la recuperación y la estabilidad de las plantas, las condiciones del mercado y los vínculos comerciales. Convertir la capacidad anunciada en producción sostenida exigirá resolver desafíos técnicos y financieros, además de responder a las necesidades de los compradores internacionales.
La 15ª edición de Litio en Sudamérica, organizada por Panorama Minero, se realizará el 7 y 8 de octubre en Jujuy. El encuentro reunirá a productores, desarrolladores de proyectos, autoridades, inversores, proveedores, científicos y analistas internacionales para discutir las condiciones que necesita Argentina para aumentar su producción.
El país llega con plantas que aumentan sus volúmenes y compañías que preparan nuevas inversiones en sus proyectos. Esa actividad permite examinar cuánto del crecimiento anunciado puede convertirse en producción disponible para la venta.
Durante las dos jornadas habrá exposiciones, reuniones de negocios y espacios de intercambio entre delegaciones internacionales y representantes del sector. La agenda conectará las decisiones de inversión con los problemas que aparecen en el territorio y dentro de las operaciones, además de las oportunidades comerciales que ofrece la demanda mundial de litio.
¿Cuánto puede crecer la producción argentina de litio?
El informe Mercado de Litio de octubre de 2026, de la Secretaría de Minería de la Nación, estima que Argentina produjo 120.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE) en 2025, un 62% más que en 2024. Además, identifica siete operaciones activas y 16 proyectos en etapas avanzadas.
Según sus proyecciones, basadas en reportes técnicos de las compañías, la producción podría superar las 400.000 toneladas hacia 2030 y alcanzar unas 573.000 toneladas en 2035. La capacidad instalada, por su parte, pasaría de alrededor de 215.000 toneladas anuales en 2025 a más de 680.000 toneladas anuales en 2035.
La diferencia entre ambas medidas es importante. La capacidad expresa cuánto pueden producir las instalaciones bajo determinadas condiciones. Sin embargo, el volumen efectivo depende de su utilización, del desempeño de los procesos y del avance de cada operación.
Alcanzar los volúmenes proyectados requiere que se concreten inversiones y obras, y que las nuevas plantas alcancen los niveles previstos. Por eso, una parte de las conversaciones en Jujuy estará dedicada a los pasos que separan un proyecto anunciado de una operación capaz de entregar producto de manera sostenida.
“Hoy una decisión en litio no depende solamente del precio o de la calidad de un recurso. Intervienen el acceso al capital, la geopolítica, la infraestructura, la regulación, los costos, la tecnología, el agua, los proveedores y la capacidad real de llevar un proyecto a producción”, señaló Agustín López Muñoz, director de Comunicación de Panorama Minero.
Financiar nuevos proyectos en un mercado exigente
La expansión prevista demanda un volumen considerable de capital. Según las cifras difundidas por Panorama Minero, las inversiones necesarias entre 2026 y 2030 podrían alcanzar US$12.700 millones, con un pico superior a US$4.000 millones en 2027.
La tecnología elegida también modifica la inversión inicial. Alrededor de la mitad de los proyectos argentinos avanzados prevé incorporar extracción directa de litio (DLE), cuyos equipos y sistemas pueden demandar mayores gastos de capital por tonelada de capacidad que los métodos tradicionales. La evaluación financiera debe contemplar esas diferencias junto con los costos esperados durante la operación.

En las discusiones de Litio en Sudamérica, el desafío financiero estará ligado a la capacidad de demostrar que una planta puede cumplir su cronograma y sostener márgenes bajo distintos escenarios de precios. La previsibilidad regulatoria y la reducción de riesgos forman parte de esa evaluación.
La expansión también se juega fuera de los salares
El aumento de capacidad obliga a revisar si la energía, el transporte y los servicios disponibles pueden acompañar una actividad mayor. Una demora en la entrega de insumos o una restricción de suministro puede limitar la producción aunque la planta esté preparada para procesar más.
Para Jujuy, Salta y Catamarca, el desafío incluye planificar obras y desarrollar proveedores con capacidad de responder a requerimientos industriales. También exige formar personal para mantenimiento, operación y control de procesos: tareas que influyen en la continuidad del trabajo y en los tiempos de respuesta ante fallas.
Por eso, la discusión provincial que atravesará el encuentro tendrá una dimensión práctica. Las necesidades de cada proyecto deben traducirse en decisiones sobre infraestructura y servicios, con plazos compatibles con la puesta en marcha de las instalaciones.
Más volumen, mejor recuperación y estabilidad en las plantas
Los datos difundidos por la organización muestran que las operaciones avanzan a ritmos diferentes. Fénix superó las 31.000 toneladas de LCE en 2025 y trabajó prácticamente a plena capacidad. Olaroz alcanzó unas 34.000 toneladas, con más del 85% de utilización de su capacidad instalada, mientras Cauchari-Olaroz también superó las 34.000 toneladas y registró una utilización superior al 80% de su capacidad.
Centenario-Ratones, Sal de Oro y Tres Quebradas ya entregan producto al mercado, aunque atraviesan etapas iniciales de maduración. Esa diferencia permite examinar cómo cambian los costos y las prioridades durante el ramp-up, el incremento gradual de producción que sigue a la puesta en marcha.

Los debates técnicos del evento se concentrarán en la recuperación, la estabilidad y la posibilidad de sostener resultados a escala industrial. La extracción directa despertará especial interés por su adopción en el país. No obstante, cada solución debe responder a la química de la salmuera e integrarse con las demás etapas de procesamiento. La investigación sobre reinyección, materiales y eficiencia energética aportará herramientas para resolver esas dificultades.
¿Qué escenario encontrarán los nuevos productores?
Las estimaciones citadas por Panorama Minero sitúan la demanda mundial en unos 1,5 millones de toneladas de LCE en 2025 y cerca de 3,5 millones en 2035. El crecimiento del consumo abre oportunidades, aunque la velocidad de ingreso de nueva oferta será determinante para los precios.
Estas proyecciones contemplan una reducción progresiva del excedente de oferta de los últimos años y la posibilidad de un déficit durante la próxima década. Ese escenario dependerá tanto del avance de nuevos proyectos como del crecimiento de la demanda de baterías para vehículos eléctricos y almacenamiento de energía.
Para quienes preparan nuevas operaciones, el desafío será evaluar las condiciones que podría presentar el mercado cuando sus plantas comiencen a entregar producto. En Litio en Sudamérica, el contraste entre pronósticos permitirá discutir qué señales conviene seguir para tomar decisiones de inversión cuyos resultados se verán durante varios años.
Los vínculos internacionales que pueden impulsar al sector
Más del 80% de las exportaciones argentinas de litio tuvo como destino China en 2025, de acuerdo con la organización. Ampliar la producción también abre una pregunta sobre cómo diversificar compradores y construir relaciones comerciales duraderas.
En ese contexto, el encuentro permitirá discutir el vínculo con Asia y las oportunidades de cooperación con Estados Unidos y Europa. La calidad del producto, la regularidad de las entregas y los costos tendrán peso en la capacidad argentina para abastecer distintas cadenas de fabricación de baterías.
La presencia de capitales de varios países ofrece margen para buscar socios con capacidades financieras, técnicas y comerciales diferentes. Para Argentina, aprovechar esas relaciones supone conectar las decisiones dentro de las plantas con las necesidades de sus compradores. Ese será uno de los desafíos de convertir el crecimiento previsto en producción competitiva.
