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Hidrogeología en proyectos de litio

Hidrogeología y litio: cómo se estudia y gestiona el agua en los proyectos mineros

En el marco de Arminera 2025, el presidente de HidroAR, Carlos Scatizza, expuso en detalle cómo se desarrollan los estudios hidrogeológicos que permiten una minería moderna y sustentable. Un repaso por los métodos, tecnologías y datos que permiten conocer y cuidar el agua en los salares.

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La hidrogeología moderna es clave para entender y gestionar el agua en los proyectos de litio. En Arminera 2025, el presidente de HidroAR detalló cómo se estudia el comportamiento del recurso hídrico desde mucho antes de iniciar cualquier operación minera. 

Imágenes satelitales, modelos matemáticos y monitoreos continuos permiten conocer con precisión el ciclo del agua y planificar su uso de forma sustentable. Datos en mano, se confirma que la minería, y en especial el litio, representa una fracción mínima del consumo hídrico nacional, pero cuenta con uno de los controles más exhaustivos.

La gestión del agua en los proyectos de litio es uno de los temas que más atención genera en la conversación pública sobre minería. ¿Cuánta agua se usa? ¿Qué tipo de agua? ¿Cómo se evita el impacto en el ambiente o en las comunidades? En Arminera 2025, Carlos Scatizza, presidente de HidroAR y referente en la materia, ofreció una mirada profunda y actualizada sobre la hidrogeología moderna aplicada a la minería.

Conocer para cuidar: etapas clave del estudio hidrogeológico

Scatizza abrió su exposición dejando en claro que no hay minería responsable sin un estudio integral del agua. “La hidrogeología moderna es una de las ramas que más ha evolucionado en términos técnicos y profesionales. Hoy no se trata solo de mirar el subsuelo, sino de entender la interacción entre clima, hidrología superficial, ecosistemas y actividades humanas”, explicó.

El enfoque comienza con una exhaustiva revisión de antecedentes, seguida de campañas de campo donde se censan perforaciones, fuentes de agua y se analiza la geología del lugar. Se incorporan además estudios geofísicos que permiten, antes de perforar, estimar la ubicación y comportamiento de los acuíferos. La perforación (la etapa más costosa) se realiza con objetivos bien definidos y luego se somete a ensayos de bombeo, que evalúan la respuesta de los acuíferos frente a una extracción simulada.

“Sin conocimiento no hay gestión posible. Por eso cada proyecto comienza mucho antes del primer pozo”, explicó. 

Toda esta información se integra en modelos hidrogeológicos conceptuales, que permiten visualizar el ciclo completo del agua en la zona: desde la atmósfera, pasando por la superficie, hasta las capas subterráneas. Estos modelos, calibrados con datos reales, permiten hacer simulaciones, prever impactos y definir límites sustentables de uso.

Tecnología para entender y anticipar

La innovación es una aliada clave en esta etapa. Gracias al uso de imágenes satelitales y sensores remotos es posible obtener información histórica de hasta 45 años sobre precipitaciones, evaporación, vegetación y espejos de agua. Esta big data climática se cruza luego con muestreos en campo y herramientas estadísticas (como Python, R o SQL) para generar modelos predictivos y tableros de control actualizados.

El objetivo: anticipar cómo se comportará el recurso hídrico a lo largo del tiempo, incluso frente a variables como el cambio climático, el crecimiento del proyecto o la variabilidad natural de las cuencas.

¿Cuánta agua consume realmente la minería?

Uno de los puntos más importantes de la charla fue la comparación del uso del agua entre distintas actividades económicas. La agricultura lidera ampliamente el ranking, con más de 660.000 litros por segundo, seguida por el consumo humano (106.000 l/s), la industria (84.000 l/s) y la ganadería (33.000 l/s). 

Muy por detrás aparece la minería, con apenas 343 litros por segundo en proyectos activos.

En el caso del litio, es importante distinguir entre el uso de salmuera —agua salada del subsuelo que no compite con otros usos— y el uso de agua dulce, que ronda entre el 5% y el 15% del volumen total procesado. Actualmente, el litio consume unos 384 litros por segundo de agua dulce, cifra que podría subir a 750 l/s si todos los proyectos actualmente en fase piloto o de inicio llegaran a producción plena.

“Hoy el litio representa menos del 1% del uso hídrico nacional, y aun así es la actividad que más controles y estudios debe realizar.”, explicó Carlos Scatizza, presidente de HidroAR. 

Además, se destacó que las nuevas tecnologías de extracción directa prometen reducir aún más este consumo y mejorar la eficiencia global de los proyectos.

Gestión participativa y licencia social

Más allá de la ciencia y los modelos, Scatizza fue claro: “La sustentabilidad también implica diálogo”. Los proyectos mineros deben mantener canales abiertos con las comunidades locales, incorporar sus preocupaciones y realizar monitoreos participativos que fortalezcan la confianza y la transparencia.

La gestión del agua no se reduce a una cuestión técnica. Es también una construcción social basada en información clara, cumplimiento normativo y una planificación que integre a todos los actores.

Así, el agua en la minería de litio no es un recurso desprotegido ni manejado a ciegas. Cada proyecto se apoya en años de estudio, tecnología avanzada y modelos de predicción diseñados para preservar el equilibrio de los ecosistemas y el abastecimiento de las comunidades. Entender cómo se trabaja es clave para valorar el rol de la hidrogeología moderna en una minería que busca ser parte de un desarrollo más sustentable.

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Escrito por Redacción LitioArgentina